Vivimos en un mundo híper-regulado. La cantidad de normatividad a la que una empresa debe sujetarse supera por mucho a las capacidades humanas e incluso, tecnológicas, de cualquier empresa con un presupuesto limitado para su programa de cumplimiento (KPMG, 2017).
Ante la marea del incesante mundo regulatorio, muchas organizaciones han optado por la contratación de organizaciones y consultores independientes que han diseñado políticas o procedimientos que, en el mejor de los casos, han servido para surfear con éxito alguna auditoría, pero que han creado documentos alejados de la práctica y realidad de la organización. Se han convertido en un muerto viviente vinculante, o también denominado un cumplimiento de papel (ComplianceWeek, 2016).
Cada organización tiene la responsabilidad de evaluar los riesgos del denominado de cumplimiento de papel, algunas preguntas y ejercicios para este propósito son:
Los programas de cumplimiento de papel son uno de los principales males del siglo XXI (Iberley, 2018), y se requiere de compromiso de la alta dirección y de todos los empleados para poder dar vida de nuevo a los pilares de la cultura de la ética y la integridad, que reporte en innumerables beneficios para la organización. Aquí te explico algunos pasos para poner manos a la obra.
A través de la herramienta de comunicación de tu empresa, puedes realizar pequeñas pero significativas interacciones con el objetivo de medir la cultura de cumplimiento de diferentes empleados de la organización, en línea con las expectativas regulatorias y el programa de capacitación anual.
Pregúntate, ¿Qué riesgo sería inaceptable en un rol de cara al cliente? ¿Cuáles son los conocimientos y criterios que se esperan de un empleado en determinada situación? ¿Se han adoptado estos principios como propios, o es el Código de Ética y Conducta de mi organización un regulador “artificial” de la conducta?
Analizar la respuesta a este tipo de situaciones hipotéticas, permitirá a la organización evaluar el nivel de comprensión práctica del programa de cumplimiento, detectar y mitigar riesgos incluso antes de su materialización, por lo que es una herramienta crítica para medir los signos vitales de nuestra organización.
Las creencias populares indican que nuestra interacción con el área de cumplimiento se da solo cuando es estrictamente necesario: una amonestación regulatoria, auditoría, o bien, para frenar una conducta contraria al Código de Ética de la organización.
Esto solo refuerza la creencia errónea de que el programa de cumplimiento está solo para remediar, o bien, ser un aliado solo en situaciones extremas. ¡Nada más alejado de la realidad!
Un programa de cumplimiento debe vivirse en toda manifestación de la actividad de la organización, pues es el fundamento de toda prevención de riesgos, incluyendo aquellos de carácter penal, por lo que los dirigentes del área deben asegurarse de acercar dichos principios rectores a todos los colaboradores, en todo momento, de una forma lúdica, amigable, comprensible y humana.
Por consecuencia, una herramienta de comunicación organizacional sirve no solo para fomentar e incentivar las comunicaciones al interior de la empresa, sino también para dar vida a un programa de cumplimiento, volverlo real, cotidiano, y parte intrínseca del día a día.
Por: Daniel Medina, Consejero Legal, Ética y Cumplimiento